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sábado, 29 de julio de 2017

Trentidos Ocho

Te haré entender, y te enseñaré el camino en que debes andar; Sobre ti fijaré mis ojos
Salmos 32:8

Entregarse de corazón a Jesús es un evento decisivo que produce un profundo cambio en la vida de la persona que toma la decisión de hacerlo.  La conversión, como también se conoce, no es más que reconocer mis faltas delante del Señor e iniciar una vida de crecimiento, acción y aprendizaje sobre el amor de Dios y el amor a mi prójimo, teniendo la seguridad de que el Señor nos guía en todo momento a partir de este nuevo nacimiento.

Una mañana, cuando yo era recién convertido me sentía muy abrumado por el nuevo rumbo de mi vida.  Recuerdo que estaba llorando y me hacía preguntas como: ¿cambiaré ahora con mi familia? ¿Qué dirán mis amigos? ¿Dejaré las cosas que me gustan? ¿Cómo podrá una persona como yo agradar a Dios?  No había pasado mucho tiempo, cuando recibí un mensaje de texto citando a Salmos 32:8 que decía: Te haré entender, y te enseñaré el camino en que debes andar; Sobre ti fijaré mis ojos.

Cuando recibí este mensaje, algo ocurrió en mí.  Mis lágrimas cesaron.  Mi corazón se sintió confiado y seguro. Aprendí que Dios nos invita a dirigirnos a su camino conociendo nuestras más grades debilidades y nuestros temores más ocultos. Es un consuelo saber que cuando entregamos nuestra vida a Dios, el mismo es quien nos toma de la mano y nos guía paso a paso en nuestra nueva vida por siempre.

Que Dios te bendiga abundantemente.

miércoles, 14 de diciembre de 2016

El Viejo Mouse Empolvado

Y la vasija de barro que él hacía se echó a perder en su mano; y volvió y la hizo otra vasija, según le pareció mejor hacerla.
Jeremías 18:4

Siempre he pensado que Dios se encuentra en todos lados: en lo alto, en lo profundo, en lo sublime, en lo angustioso, en lo peligroso, en lo bajo, en lo preciso, en lo abstracto, en el sentido común, en la ciencia, en las matemáticas, en los siglos, en fin, en todo.

No recuerdo desde cuando el mouse se encontraba en el borde de la mesa de la computadora.  Quizás unos cuatro o cinco años que no lo usaba.  El paso del tiempo había dejado huellas sobre él, porque noté que estaba sucio, descuidado y lleno de polvo, pero esta vez, para hacer mi trabajo, yo necesitaba un mouse en cualquier estado.

Cuando lo conecté a la computadora, tímidamente se encendieron sus olvidados circuitos internos. Al cabo de unos dos segundos, trabajaba como si lo acabara de adquirir en una tienda, es decir, como nuevo.  De ahora en adelante, me sentía motivado a limpiar ese mouse, a quitarle el polvo y a continuar usándolo en mis quehaceres diarios porque después de tanto tiempo, me era de gran utilidad.

Este episodio con mi viejo mouse me llevó a pensar en Dios.  Fue inevitable. El Señor nos cambia, nos recoge y nos limpia.  Aunque estuviéramos en el rincón más profundo de la tierra llenándonos de polvo y mugre, él nos pone a funcionar. Nos conecta con su ser y nos hace útiles para la vida.  Ese es nuestro gran Dios, esto hace Jesús con todo aquel que atiende a su llamado: lo pone a funcionar y a ser útil para salvación y restauración de la humanidad.

No debes hacer nada extraordinario para captar la atención de Dios, porque él te ama.  Está  pendiente a su llamado, escucha su voz y síguelo.  Él se encarga del resto.

Que Dios te bendiga abundantemente.

Retorno Seguro

Los cuales también les dijeron: Varones galileos, ¿por qué estáis mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al c...