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jueves, 26 de enero de 2017

El Banco de Dios

Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.
Mateo 6:21

Un depósito bancario es la operación comercial mediante la cual se incrementa la cantidad de dinero de una persona. Es decir, mientras más dinero deposito, más aumenta mi balance. Esto me llevó a pensar en que si Dios tuviera un banco, ¿Qué tipo de depósitos yo llevaría?, ¿Cómo aumentaría el balance de mi cuenta en el cielo?

Recordé entonces que Dios es amor (1 Juan 4:8), por lo que para aumentar el valor de mi cuenta en el cielo, debería hacer depósitos espirituales que vayan de acuerdo a la naturaleza del Señor.  Después de un largo rato pensando, concluí que debía hacer depósitos de amor.

Los depósitos en el cielo no se obtienen guardando amor, sino dándolo a todos sin reservas. Mientras nuestra cuenta terrenal aumenta depositando dinero, nuestra cuenta celestial, por el contrario, aumenta dando todo el amor que podamos sin distinción. No es algo fácil, porque es una cuenta que aumenta mientras más se demanda de ella.  A diferencia de nuestra cuenta terrenal, en la que vemos números que van aumentando, en la cuenta del amor no podremos ver el balance hasta que nos toque vivir en la ciudad donde se encuentra el banco de Dios.

Hace ya mucho tiempo, Jesús abrió este banco solo para depósitos.  El pagó todas sus futuras deudas con la mayor muestra de amor conocida: entregó su vida para abrir nuestras cuentas. Concéntrate en él, acéptalo y deja que te enseñe como llegar a construir una gran fortuna en el cielo, a través del amor a Dios y a tu prójimo.

Que Dios te bendiga abundantemente.

miércoles, 24 de agosto de 2016

Parte 2: Una Nueva Oportunidad



Estaba muy cerca de ellas pero no podía tocarlas. Había una especie de pared transparente donde podía ver todo de forma nítida pero aunque lo intenté varias veces, no pude acercarme más de lo permitido. Yo sencillamente estaba en otra dimensión. Quería abrazarlas, yo estaba llorando y quería decirles cuánto las amaba y cuánto las extrañaba, pero no podía pasar de esa barrera dimensional que me separaba de mis seres queridos.

Ellas cada vez más, se adaptaban a mi ausencia.

Jesús me dijo: ¿qué opinas?, a lo que respondí: por favor permíteme pasar del otro lado y darles un abrazo y un beso a ambas; que sepan cuánto las amo y las extraño. Quiero decirles que hay vida después de la muerte y que todos nos veremos cara a cara contigo tarde o temprano. A pedirles que escuchen tu evangelio y a contarles que tú eres real y que el infierno y el cielo son tan palpables como cualquier lugar que percibimos con nuestros sentidos. Por favor, permíteme comunicarles que no hay otra cosa más importante en la vida que servirte.

Jesús me respondió: muchas veces envié personas a predicarte. Quizás no te acuerdes, fueron tantas. Las personas que te predicaron jamás se imaginaron que fui yo mismo que las dirigí hacia ti. Mandé a muchos de mis mejores discípulos en numerosas veces a decirte que morí por ti, que te arrepintieras de tus pecados y que creyeras en mí para tu salvación. Nunca me escuchaste. Ya moriste y tu tiempo se acabó.

En cuanto a tu esposa, a tu hija y a tu familia, te aseguro que todos recibirán a muchas personas enviadas por mí para hablarles del evangelio. Ahora, apresuremos el paso y retornemos al Padre porque se acerca el momento de tu juicio.

Esas últimas palabras de Jesús sonaron tan estruendosamente que desperté sin darme cuenta, pensando que el sueño que había tenido era real. Estaba en mi cama empapado de sudor, con mi corazón palpitando aceleradamente. Todo estaba en completa calma, excepto yo. Miré a mi esposa y a mi hija por un largo rato y ellas estaban profundamente dormidas. Todo había sido un sueño, solo un sueño. Luego de pensarlo durante algunos instantes en la madrugada, me di cuenta de que Dios me estaba dando una nueva oportunidad.

Que Dios te bendiga abundantemente.

Parte 1: Una Nueva Oportunidad

Porque ¿qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo y perdiere su alma? 
Marcos 8:36

El tiempo transcurre muy rápido en el más allá, porque hacía ya cuatro meses que yo había muerto y me parecieron como quince minutos. Me tocaba el turno con Jesús para recorrer algunos lugares celestiales.

La agenda era para nada complicada;  nos tocaba caminar por el cielo, luego por el infierno y finalmente ir a ver cómo estaba mi familia.  Después de concluir la gira, entonces vendría mi juicio.

Recuerdo que había muerto sin creer en Jesús.

Recorrimos el cielo maravillosamente bien. Wao que hermoso lugar. ¿Por qué no querría alguien estar allá? ..., también dimos un paseo por el infierno y es un lugar de tormento infinito al cual se me atragantan las palabras para describirlo. Alguien me saludó como si me esperaba, pero yo simplemente le ignoré.

Luego, Jesús me dijo: vamos a dar un paseo por la tierra para ver cómo está tu familia.  Recuerda que ellos no te verán aunque tú los veas a ellos muy de cerca.

Descendimos hasta ver a mi esposa y a mi hija.  Era muy de mañana y la vimos apresurada preparando el desayuno, en los afanes propios de alistar a nuestra hija para ir al colegio y luego asistir a su trabajo. Estaban ellas dos solas porque ya me había ido, yo era historia, ya no existía más.

Retorno Seguro

Los cuales también les dijeron: Varones galileos, ¿por qué estáis mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al c...